ESCULTURA TACHIRENSE

En las figurillas de barro encontramos a lo largo de toda la región representaciones antropomorfas y zoomorfas del mundo aborigen, se puede encontrar el antecedente directo de la escultura tachirense. Los poseedores originales realizaban estas representaciones humanas y animales en barro conchas y en piedra, muchas de ellas con exquisitos acabados de tamaños variables que van desde, pequeños figurines usados como cuenta de collares hasta piezas de considerable tamaño en piedra como las encontradas en el Municipio Ayacucho y que hoy, se encuentran en casas particulares.

Hablar de esas piezas indígenas nos puede remitir a especulaciones de uso en relación a elementos de carácter mágico religioso, de señalización de un status o posición en la comunidad. El proceso de colonización sepultaría mucha parte de este legado que nos remite a una producción original, ya que durante la colonia el legado escultórico estaría marcado por la imposición española. Fueron estos conquistadores y misioneros, los primeros en traer imágenes religiosas como afirmación de su fe y cultura y como herramientas usadas en la evangelización cristiana. Algunas de éstas procedían de afamados talleres europeos, como la imagen del Señor del Limoncito, guardián de la ciudad de San Cristóbal.

La presencia en el país durante el siglo XVI y XVII de algunos maestros europeos, contribuyó al origen de centros de enseñanza artística. Así para 1580, en el Convento de los Franciscanos de La Grita, Fray de Orellana abrió a la historia de Venezuela la Primera Escuela de Arte. De allí saldrían pinturas y esculturas o imágenes que por su naturaleza religiosa, se usaron en templos pero también fueron adquiridas por los pobladores más devotos y acaudalados. De esta tradición de imágenes pertenecen importantísimas piezas que hoy en día conservan un puesto muy importante en la religiosidad de los habitantes de la región, como el Santo Cristo de La Grita, realizado por Fray Francisco en 1 610, el Cristo de Tabor ubicado en la Aldea Casa del Padre del Municipio Michelena, así como muchas otras en las iglesias tachirenses.
El Convento de la Grita como institución irradiadora de cultura, permanecería desde 1579 y hasta 1776, en el siglo XIX desaparecería esta tradición con la paralización de las actividades económicas causadas por el terremoto de 1812, así como por la guerra de la Independencia y los tiempos turbulentos en que viviría el país. Sin embargo, esta época formaría en las conciencias de los nuevos pueblos liberados la realidad de romper con la educación y cultura colonial, para darle así un nuevo sentido a la libertad a través de una nueva identidad venezolana. Sobre estas nuevas premisas se gestan los procesos organizativos de los nuevos pueblos. Entonces de las instituciones educativas formadas al final del siglo XIX y albores del siglo XX, germinan las manifestaciones culturales que comienzan así un nuevo proceso de educación ininterrumpida hasta nuestros tiempos.


Las artes escénicas son comunes en las fechas patrias y festividades tradicionales, la cultura se encuentra organizada en grupos de poetas y escritores, la música recibe un apoyo decidido, la pintura comienza a tener identidad propia y la escultura continúa creciendo, dejando de ser un oficio artesanal para ser reconocida como modo de expresión de nuestro propio desarrollo. Como fuente de progreso, que nos permite identificar los valores que han servido como paradigma de conducta, y la sensibilidad propia de nuestras gentes.

Ahora bien, y sólo siendo muy generosos y flexibles en el uso de los términos vanguardia y neovanguardia, es posible conocer y comprender la escultura que se ha realizado en el Táchira, desde la segunda mitad del siglo veinte lastrada por innumerables limitaciones y dificultades, tanto desde el punto de vista conceptual y teórico, como por la escasa relación de los creadores con los principales centros de la producción plástica internacional, y el muy limitado número de personas cultas e ilustradas interesadas por los nuevos íconos de la contemporaneidad artística.
A pesar de ello, con el mismo énfasis debe también admitirse que en el estado Táchira el Arte no sólo no carece de atractivo, sino que, en general, ofrece unos resultados concretos razonablemente dignos, cualitativamente sostenidos y, en determinados casos, acrecentados con la incorporación de las generaciones más jóvenes, a pesar del riesgo que siempre entraña enjuiciar una producción sobre la que no disponemos de suficiente perspectiva histórica.

De las dos etapas en que puede dividirse la totalidad del período, la primera se inicia en la segunda mitad de los cincuenta, cuando unos pocos escultores y extranjeros aquí establecidos se abren tímidamente a las nuevas corrientes artísticas, caso de la colombiana Elena Merchán, y el holandés Jacobo Stimama. No obstante, en rigor, la etapa no adquiere nítidos perfiles hasta el decenio siguiente, momento en que la primera generación, llamada durante mucho tiempo, la Escuela Tradicional de Artistas Tachirenses, se debatiría entre la escultura y la pintura para definir una poética próxima a la figuración fantástica, que hasta hoy deja sentir su influencia.

Es a partir de finales de los setenta, ya acentuada empieza a madurar y definir los diferentes estilos que distinguirán a sus integrantes a partir de entonces. En este sentido, hay fundadas razones de método que hacen muy difícil hablar de la mencionada generación como de una escuela, pues si bien el núcleo esencial de sus componentes oscila entre la figuración, el informalismo y la abstracción geométrica, los estilos de cada uno de ellos irán progresivamente singularizándose, en ocasiones con multitud de añadidos y matices procedentes de otras tendencias, principalmente el neosurrealismo, el pop y el expresionismo, hasta hacer desaparecer aquellas características comunes que se requieren para defender la existencia de un grupo estilísticamente homogéneo, y eso por no referirnos a la notable ausencia entre sus protagonistas de una sólida conexión entre ellos respecto a la discusión de problemas formales y teóricos. Aunque, como en todas las ciudades relativamente pequeñas, nuestra San Cristóbal lo era en aquellos años, surjan lazos fuertes de amistad entre algunos creadores, cada uno mantiene su propia individualidad y distanciamiento estilístico frente a sus colegas; a excepción del Maestro Valentín Hernández Useche ya fallecido, y hoy epónimo de la sala de exposiciones de la Casa Steinvorth.

Los principales exponentes de la escultura de esta primera generación, cuyos miembros están todos ellos activos en la actualidad, y además algunos son notables pintores, son los siguientes:

Pedro Mogollón, Abigail Valera ,Jorge Salas, Martín Barrios, Miguel Ángel Sánchez, Alberto Mercado, Ulacio Sandoval, Leonel Durán, Luís Alfredo Suárez, José Campos Biscardi, Milton Becerra, Daniel Suárez, Diego Sarmiento, Pedro Barrientos, Elsa Sanguino. Jorge Belandria, Ciro Ontiveros, Fredy Ontiveros, Néstor Melani Orozco, Erasmo de Zotti, Mario Sánchez, Marcos Medina, Saúl Mora, Víctor Blanco, Luís Padrón, Alí Moncada, Tomas Yánes y Francisco Serrano.

La siguiente etapa, comienza a perfilarse hacia finales de la segunda mitad de los felices ochenta. Pero es en los años noventa, donde se inicia la conclusión de un ciclo de unánime entusiasmo, que llega hasta ya entrado este siglo, del cual esperamos no llegue pronto su muerte cronológica. Aquí el arte tachirense reivindica una recuperación de los soportes, técnicas y problemas tradicionales, primordialmente para los que tienen que ver con el dibujo, la composición y la perspectiva. Pero también se detecta un evidente pluriestilismo formal, un pronunciado eclecticismo y un profundo carácter subjetivista y privado de las nuevas simbologías empleadas.

Esta segunda etapa, corresponde también al periodo de las libertades. Los problemas de método y de clarificación taxonómica que presenta esta fase para el historiador son mayores que en la precedente, pues en ella se yuxtaponen e incluso superponen las dos generaciones de artistas con preocupaciones estéticas en muchos casos similares y con un intercambio lingüístico más fluido, aunque con razones de edad y un eclecticismo aún más rabioso. Al margen de la dificultad que ofrece la inclusión aquí del colectivo, muy activos desde finales de los noventa y principios de este siglo, pero que mantienen posiciones radicalmente distintas a las de los mencionados en la etapa anterior.
El catálogo de los creadores escultóricos de esta segunda generación está integrada por:

Henry José Cruz, Rafael Castellanos, Andrés Eloy Bello, Rufo Mariño, Annie Vásquez, Anton Chacón, Reinaldo Pérez, Jean Carrero, Antonio Martínez, Adrián Preciado, Salvador Muntaner, Osvaldo Barreto, Edgar Ramírez, Alexander Sánchez, Alfredo Pernía, Joel Casique, Ender Rodríguez, Luís Armando Montoya, Gregorio Arenas, Luís Alexis Bautista, Iván Romero y Luís Botina.

Los componentes de la nueva oleada de escultores del Táchira, pertenecientes a una nueva historia se distinguen por una notable curiosidad y preparación intelectual, extendida a campos del conocimiento como la historia, la filosofía, la estética y la ciencia, por una tampoco desdeñable capacidad autocrítica, por la ventaja de gozar de una independencia económica al margen de la práctica artística, y, en ciertos casos, por disolver conscientemente las tradicionales fronteras establecidas entre los géneros artísticos, según certifica el uso que hacen de la instalación y del mundo de los objetos.

Carlos Cruz Aceros Escultor (Centro de Historia del Municipio Ayacucho).


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José Corzo, Piedra viva, piedra natural, 50 x 60 x 30 cm, 2006

Erasmo de Zotti, Acordeón, Talla sobre piedra de Cumarebo, 27,5 x 29,5 x 54 cm, 1995

Joel Casique, Sin título, Intervención espacial con telas de aluminio, Medidas variables, 2009

Abigail Valera, Caminadora viajera, Bronce-patina, 84 x 58,5 x 53,5 cm, 1990

Maybe Maldonado, Afrodita, Talla sobre piedra de Cumarebo, 30 x 60 x 30 cm, 2000

Carlos Cruz Aceros, Árbol, Hierro-patina, 200 x 30 x 40 cm, 2007

Marcos Medina, Silencio en el ocaso, Hierro y esmaltes, 46 x 24 x 30 cm, 2006

Daniel Suárez, Sin título, Hierro pintado, 250 x 100 x 90 cm, 2007

Luis Bautista, Integración, Hierro, 95 x 63 x 57 cm, 2006

Jean Carrero, Ciudad, Madera y metal, 95 x 30 x 5 cm, 2006

Javier Alberto Jaimes, El creador, Bolsas plásticas y silla forrada, 100 x 80 x 120 cm, 2007

Reinaldo Pérez, Cruzada cultural, papel endurecido, 100 x 120 x 150 cm, 2006

Henry José Cruz, Pobreza callejera, Madera tallada, 74 x 35 x 48 cm, 2006

Cindy Yuncosa, Sórdido mundo, Mixta, 50 x 35 x 10 cm, 2006

Pedro Mogollón, Mujer, Marmolina, 30 x 20 x 10 cm, 1999

Aida Acuriel Montero, Repetición, Talla en piedra, 25 x 20 x 18 cm (Apróx.), 2006

Rufo Mariño, Locura espiritual, Mixta, 50 x 20 x 18 cm, 2006

Alí Moncada, Bolívar Mundo de Perfiles, Resina y marmolina, 55 x 40 x 50 cm, S/f.

Tomás Yanez, Efigie, Hierro-ensamblaje, 110 x 40 x 30 cm, 1996

Octavio Araque, Belleza perfecta, Hierro y marmolina, 108 x 42 x 27 cm, 2006

Azahan Jaimes, Dimensiones (Detalle), Madera tallada, 154 x 26 x 31 cm, 2006

Danilo Pernía, Virgen María, Madera tallada y pintada, 80 x 25 x 25 cm, 2000

Rosalina García, Niño de la Paz, Talla en madera policromada, 46 x 48 x 18 cm, 2000

Eliel Lubo, Virgen María, Madera tallada y pintada, 60 x 20 x 16 cm, 2005

Rosa Amelia Camargo, La Pastora, Modelado de arcilla a mano, 63 x 33 x 30 cm, 2007

Ramón Valero, El General Gómez, Cemento pintado y madera, 60 x 30 x 50 cm, 2007

HOMENAJE Y RETROSPECTIVA A JOEL CASIQUE

VIDEO ANIMACIÓN DE MUESTRA SOBRE LA FRONTERA CON INSTALACIONES ESCULTÓRICAS DE EDGAR RAMÍREZ Y ANNIE VÁSQUEZ AVE
ENLACE A CAPÍTULOS DEL ARCHIVO VISUAL DE ARTISTAS TACHIRENSES:



FOTOGRAFÍA:

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OTRAS TENDENCIAS:

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TEXTOS CRÍTICO-REFLEXIVOS

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Logotipo y sentido de pertenencia
ESTE ARCHIVO ASUME COMO AUTORES TACHIRENSES A LOS PINTORES, FOTÓGRAFOS, ESCULTORES Y ARTISTAS DE OTRAS TENDENCIAS DE ARTE CONTEMPORÁNEO, TOMANDO EN CUENTA SU LUGAR DE NACIMIENTO O EL HABER HECHO VIDA ARTÍSTICA Y DE TRABAJADOR CULTURAL EN NUESTRO ESTADO.


Instituciones de apoyo y agradecimientos:
Museo de Artes Visuales y del Espacio MAVET
Fototeca del Táchira
Fundajau Fundación Jóvenes Artistas Urbanos
Fundación Red de Arte Táchira
Galería Vértice Ateneo del Táchira
Casa de la Cultura de la Grita "Don Pepe Melani"
Casa de la Cultura de Colón y Galería El Punto
Plataforma IARTES
Escuela de Artes Plásticas "Valentin Hernández"
Casa Steinvorth
Misión Cultura

Agradecimiento especial: Annie Vásquez AVE

Patrocinio 2008:
Dirección de Cultura y Gobernación del Estado Táchira


Ejecutado por:

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El proyecto ARCHIVO VISUAL DE ARTISTAS TACHIRENSES, nace como propuesta innovadora de investigación artística abierta y en proceso, desde la recolección de datos, análisis y densa compilación para en definitiva, convertirse en posible alternativa comunicacional y didáctica del arte regional; insertándose así, en el contexto de las artes plástico-visuales tachirenses. Esta iniciativa se agrupa en partes de un todo estructurado como: · Registro en físico (edición limitada de libros originales a todo color para uso institucional y colectivo, además de postales y afiches promocionales) · Multimedia en formato CD con textos, fotografías y video, además de su enlace para conexión virtual. · Portal diverso en Internet a través de las herramientas del Blogspot, el Myspace y la animación de videos en Youtube; todas éstas, entradas universales, gratuitas y accesibles a todo público. La necesidad de crear y hacer un archivo tachirense con estas cualidades, implica construir pedagógicamente un instrumento inclusivo donde, se van registrando a los artistas en toda su generalidad: Nóveles e iniciantes, artistas reconocidos a nivel nacional o con amplia proyección internacional, creadores activos, inactivos, y fallecidos, entre otros. Esta necesidad de ir uniendo autores de la pintura, fotografía, escultura y otras tendencias, es apenas un primer borrador para generar análisis crítico y evaluativo, de acceso al material recopilado para el conocimiento global y local, además de que facilita la observación y seguimiento de los diferentes procesos y niveles en el camino estético. Todavía faltará agregar autores y hacedores, desde todos los municipios y zonas de nuestra región. Resta quizás, mucho más por hacer para enriquecer y crear un panorama o rostro del mundo artístico tachirense en el hoy y en el mañana. Aún cuando, algunas y algunos artistas registrados no se consideran totalmente como artistas plásticos o visuales, este proyecto conceptualmente los agrupa como tales, para sostener una metodología de registro ordenada y sintética.

Ender Rodríguez Concepto y Producción General

Osvaldo Barreto Diseño Gráfico y Coordinación de Apoyo

Rene Bonett de la Rosa Producción y Diseño Multimedia

Yanis Díaz Creador del Logo del Archivo Visual de Artistas Tachirenses

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Si desea hacer comentarios críticos o contactarnos para enriquecer la información o hacer algún aporte, comunicarse al correo electrónico: isrodriguez44@gmail.com, oscuraldo@yahoo.com y bonettrene@hotmail.com

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